Su modelo económico se resume en trabajar para pagar impuestos y recibir peores servicios
Es indudable que la crisis de Ceuta, el desastre de infraestructuras, el caos ferroviario y la deficiente calidad de los servicios públicos son evidencias de un gobierno ausente en cuanto a gestión eficaz. Un Estado que consume cada día más y gestiona peor, dejando de lado sus obligaciones con respecto a la seguridad y la integridad del territorio. Lo que pone en peligro el Estado del Bienestar no es bajar impuestos, sino despilfarrar lo que se recauda. Y en eso, el sanchismo es muy eficaz.. El despilfarro de miles de millones semanales en gasto político y «ayudas» al exterior contrasta con la asfixia al contribuyente y el abandono en el interior. Sánchez ha conseguido algo que es tan eficaz para imponer una sociedad dependiente y pobre, como devastador para la prosperidad. El sanchismo ha convertido el trabajo en una estación de paso hacia Hacienda. El sanchismo te dice que todo lo que se recauda en impuestos revierte a la sociedad… eso sí, pasando por contratar a miles de asesores, regar de fondos a sus socios, disparar el gasto y la deuda y además darte peores servicios. El que parte, reparte y se lleva la mejor parte.. En 2026, el llamado Día de la Liberación Fiscal no llega hasta el 20 de agosto, lo que significa que el contribuyente medio dedica 231 días del año a pagar impuestos y cotizaciones antes de empezar a trabajar para sí mismo. El informe del think tank Civismo es demoledor. Desde que Pedro Sánchez llegó a La Moncloa, trabajamos 53 días más solo para pagar impuestos, un salto brutal que resume el avance de un Estado depredador, caro, y más dependiente de exprimir rentas del trabajo, del ahorro y del consumo.. En ese mismo periodo, los servicios han empeorado, la seguridad se ha deteriorado y el Estado ha dejado de lado muchas de sus funciones principales para dedicarse a la propaganda y el maquillaje estadístico. La presión fiscal no se ha congelado pese a la prórroga presupuestaria. Al contrario: en 2025 los ingresos tributarios alcanzaron 325.356 millones de euros, un 10,4% más que en 2024, mientras el PIB nominal creció un 5,8%. Cada vez pagas más y recibes menos. Es más, cada vez pagamos más y recibiremos menos, ya que la acumulación de deuda emitida, que ha subido en casi 600.000 millones de euros con Sánchez, implica más impuestos y menos pensiones en términos reales en el futuro.. La aparente paradoja española es que la presión fiscal recaudatoria agregada sigue por debajo de la media de la UE, pero la carga normativa y el esfuerzo relativo que soportan ciudadanos y empresas son superiores. Según el IEE, España combina menor renta per cápita con una fiscalidad legal más gravosa y compleja que la de sus comparables europeos y de la OCDE. Es normal. España tiene más paro, empresas más reducidas y más economía sumergida que sus comparables. El IEE estima que la presión fiscal normativa en España es un 17% superior a la media de la UE y un 18% superior a la de la OCDE. El esfuerzo fiscal, que es la presión efectiva ajustada por capacidad económica o nivel de renta, es un 14,1% superior a la media de la UE y en imposición directa, la brecha llega al 16,5%.. Es completamente normal que cada día pagues más impuestos comparado con lo que ganas mientras te dicen que la presión fiscal medida sobre PIB nominal es “baja”. Te expolian por el numerador, más impuestos, y por el denominador, más inflación y gasto público financiado con deuda. La conclusión hunde el relato oficial, y es evidente para cualquiera que no confunda recaudación con prosperidad. El Estado está capturando una porción creciente de la renta nacional incluso sin aprobar unos nuevos Presupuestos, apoyado en la inflación, en el crecimiento nominal de las bases imponibles, en la insuficiente deflactación del IRPF y en el aumento de los impuestos al trabajo.. El IRPF sigue siendo el gran mecanismo de subida encubierta. Según el informe de Civismo, en 2025 la recaudación por este impuesto aumentó un 10,1%, por encima del crecimiento de las rentas brutas de los hogares, que fue del 7,2%, mientras el tipo efectivo sobre esas rentas subió un 3,5%. El contribuyente no vive mejor, pero sí paga más. El caso del trabajador medio es demoledor. Para un salario bruto anual de 32.446 euros, el coste laboral total asciende a 42.390,70 euros una vez sumadas las cotizaciones empresariales, pero el asalariado solo recibe 24.724,91 euros netos; el resto, 17.665,79 euros, se destina a IRPF y cotizaciones sociales, es decir, el 41,7% del coste laboral. De cada 100 euros que cuesta contratar a un trabajador, solo 58,3 euros terminan realmente en su bolsillo, el resto desaparece en una cuña fiscal que penaliza el empleo, encarece la contratación y debilita la renta disponible de las clases medias.. Ni siquiera cuando el ciudadano ya ha cobrado consigue librarse del hachazo fiscal. Civismo estima que el IVA soportado por el trabajador medio asciende a 2.212,77 euros al año, equivalente a 32,7 días de renta neta, una carga especialmente dañina para los hogares con menos capacidad de ahorro. El resultado es un sistema que castiga todas las fases de la vida económica. Te cobran cuando se trabaja, cuando se contrata, cuando se ahorra, cuando se compra, cuando se vende y cuando se transmite patrimonio. Ese no es un modelo de crecimiento, es un modelo de extracción.. La mayor perversión del sanchismo fiscal no es solo cuánto recauda, sino cómo normaliza esa asfixia. Presenta como justicia social lo que en realidad es una transferencia silenciosa y constante desde las clases medias, los autónomos y las empresas hacia una maquinaria pública cada vez más costosa, menos eficiente y más necesitada de ingresos crecientes para sostenerse.. España no necesita más ingeniería recaudatoria ni más golpes encubiertos vía inflación fiscal. Necesita una reforma tributaria que alivie el trabajo, deflacte el IRPF, reduzca la cuña laboral y devuelva al contribuyente una parte de lo que el sanchismo le ha ido confiscando año tras año. El sanchismo ha convertido a trabajadores y empresas en cajeros automáticos de un gigante político que no se conforma con extraer más rentas que nunca, sino que exige más y además te endeuda. La oposición no puede presentar un modelo de alivio o mitigación de daño, sino una alternativa real y opuesta al expolio.
Es indudable que la crisis de Ceuta, el desastre de infraestructuras, el caos ferroviario y la deficiente calidad de los servicios públicos son evidencias de un gobierno ausente en cuanto a gestión eficaz. Un Estado que consume cada día más y gestiona peor, dejando de lado sus obligaciones con respecto a la seguridad y la integridad del territorio. Lo que pone en peligro el Estado del Bienestar no es bajar impuestos, sino despilfarrar lo que se recauda. Y en eso, el sanchismo es muy eficaz.. El despilfarro de miles de millones semanales en gasto político y «ayudas» al exterior contrasta con la asfixia al contribuyente y el abandono en el interior. Sánchez ha conseguido algo que es tan eficaz para imponer una sociedad dependiente y pobre, como devastador para la prosperidad. El sanchismo ha convertido el trabajo en una estación de paso hacia Hacienda. El sanchismo te dice que todo lo que se recauda en impuestos revierte a la sociedad… eso sí, pasando por contratar a miles de asesores, regar de fondos a sus socios, disparar el gasto y la deuda y además darte peores servicios. El que parte, reparte y se lleva la mejor parte.. En 2026, el llamado Día de la Liberación Fiscal no llega hasta el 20 de agosto, lo que significa que el contribuyente medio dedica 231 días del año a pagar impuestos y cotizaciones antes de empezar a trabajar para sí mismo. El informe del think tank Civismo es demoledor. Desde que Pedro Sánchez llegó a La Moncloa, trabajamos 53 días más solo para pagar impuestos, un salto brutal que resume el avance de un Estado depredador, caro, y más dependiente de exprimir rentas del trabajo, del ahorro y del consumo.. En ese mismo periodo, los servicios han empeorado, la seguridad se ha deteriorado y el Estado ha dejado de lado muchas de sus funciones principales para dedicarse a la propaganda y el maquillaje estadístico. La presión fiscal no se ha congelado pese a la prórroga presupuestaria. Al contrario: en 2025 los ingresos tributarios alcanzaron 325.356 millones de euros, un 10,4% más que en 2024, mientras el PIB nominal creció un 5,8%. Cada vez pagas más y recibes menos. Es más, cada vez pagamos más y recibiremos menos, ya que la acumulación de deuda emitida, que ha subido en casi 600.000 millones de euros con Sánchez, implica más impuestos y menos pensiones en términos reales en el futuro.. La aparente paradoja española es que la presión fiscal recaudatoria agregada sigue por debajo de la media de la UE, pero la carga normativa y el esfuerzo relativo que soportan ciudadanos y empresas son superiores. Según el IEE, España combina menor renta per cápita con una fiscalidad legal más gravosa y compleja que la de sus comparables europeos y de la OCDE. Es normal. España tiene más paro, empresas más reducidas y más economía sumergida que sus comparables. El IEE estima que la presión fiscal normativa en España es un 17% superior a la media de la UE y un 18% superior a la de la OCDE. El esfuerzo fiscal, que es la presión efectiva ajustada por capacidad económica o nivel de renta, es un 14,1% superior a la media de la UE y en imposición directa, la brecha llega al 16,5%.. Es completamente normal que cada día pagues más impuestos comparado con lo que ganas mientras te dicen que la presión fiscal medida sobre PIB nominal es “baja”. Te expolian por el numerador, más impuestos, y por el denominador, más inflación y gasto público financiado con deuda. La conclusión hunde el relato oficial, y es evidente para cualquiera que no confunda recaudación con prosperidad. El Estado está capturando una porción creciente de la renta nacional incluso sin aprobar unos nuevos Presupuestos, apoyado en la inflación, en el crecimiento nominal de las bases imponibles, en la insuficiente deflactación del IRPF y en el aumento de los impuestos al trabajo.. El IRPF sigue siendo el gran mecanismo de subida encubierta. Según el informe de Civismo, en 2025 la recaudación por este impuesto aumentó un 10,1%, por encima del crecimiento de las rentas brutas de los hogares, que fue del 7,2%, mientras el tipo efectivo sobre esas rentas subió un 3,5%. El contribuyente no vive mejor, pero sí paga más. El caso del trabajador medio es demoledor. Para un salario bruto anual de 32.446 euros, el coste laboral total asciende a 42.390,70 euros una vez sumadas las cotizaciones empresariales, pero el asalariado solo recibe 24.724,91 euros netos; el resto, 17.665,79 euros, se destina a IRPF y cotizaciones sociales, es decir, el 41,7% del coste laboral. De cada 100 euros que cuesta contratar a un trabajador, solo 58,3 euros terminan realmente en su bolsillo, el resto desaparece en una cuña fiscal que penaliza el empleo, encarece la contratación y debilita la renta disponible de las clases medias.. Ni siquiera cuando el ciudadano ya ha cobrado consigue librarse del hachazo fiscal. Civismo estima que el IVA soportado por el trabajador medio asciende a 2.212,77 euros al año, equivalente a 32,7 días de renta neta, una carga especialmente dañina para los hogares con menos capacidad de ahorro. El resultado es un sistema que castiga todas las fases de la vida económica. Te cobran cuando se trabaja, cuando se contrata, cuando se ahorra, cuando se compra, cuando se vende y cuando se transmite patrimonio. Ese no es un modelo de crecimiento, es un modelo de extracción.. La mayor perversión del sanchismo fiscal no es solo cuánto recauda, sino cómo normaliza esa asfixia. Presenta como justicia social lo que en realidad es una transferencia silenciosa y constante desde las clases medias, los autónomos y las empresas hacia una maquinaria pública cada vez más costosa, menos eficiente y más necesitada de ingresos crecientes para sostenerse.. España no necesita más ingeniería recaudatoria ni más golpes encubiertos vía inflación fiscal. Necesita una reforma tributaria que alivie el trabajo, deflacte el IRPF, reduzca la cuña laboral y devuelva al contribuyente una parte de lo que el sanchismo le ha ido confiscando año tras año. El sanchismo ha convertido a trabajadores y empresas en cajeros automáticos de un gigante político que no se conforma con extraer más rentas que nunca, sino que exige más y además te endeuda. La oposición no puede presentar un modelo de alivio o mitigación de daño, sino una alternativa real y opuesta al expolio.
