Según el sondeo de opinión realizado por «NC Report» para LA RAZÓN, la inmensa mayoría de los españoles, incluidos un tercio de quienes se reconocen como votantes socialistas, no se cree una palabra de las explicaciones gubernamentales sobre lo sucedido en Ceuta y, además, considera que el Gobierno se halla supeditado a la voluntad de Marruecos por razones que nadie acierta a explicar. Lamentablemente, una vez más el Ejecutivo que preside Pedro Sánchez ha tratado de hacer luz de gas a la opinión pública, presentando una realidad alternativa a lo que estaban contemplado los españoles, como si el discurso ministerial de exculpación de Rabat fuera verdad revelada y no un patético intento de hacer de la necesidad virtud. Y con un agravante que no ha podido pasar inadvertido como es la falta de unidad y coherencia de los distintos portavoces del Gobierno, incapaces de mantener una única versión, sin duda, porque la consigna general no ha sido la de decir la verdad sobre lo sucedido, sino lo que más convenía al poder, según los casos. De ahí, la contradicción flagrante entre el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y la ministra de Defensa, Margarita Robles, en relación al papel del CNI y a los preavisos recibidos por los servicios de Seguridad sobre la avalancha masiva de inmigrantes que se preparaba sobre Ceuta. Por supuesto, el máximo responsable en la materia, que es el titular de Interior, ha hecho lo que mejor sabe hacer que no es otra cosa que negar cualquier responsabilidad, incluso, al precio de dejar por mentirosa a su compañera de Gabinete. Desafortunadamente para Marlaska, si hay un ministro que ha perdido toda credibilidad es él, por más que otros batallen por empatarle. Que, a la postre, tenga que ser el poder judicial, en este caso la Audiencia Nacional, el que determine quién miente en el Ejecutivo, no es más que la tónica habitual en esta legislatura, cuyo agónico final abre demasiadas brechas a quienes operan en contra del interés de los españoles. Aun así, la opinión pública, como demuestra la encuesta que hoy publicamos, tiene claro cuáles son los problemas que nos enfrentan al vecino del sur, qué instrumentos emplea el reino alauí para defender sus posiciones geopolíticas y qué medidas debería adoptar España para defender sus fronteras y proteger su soberanía. Que el inquilino de La Moncloa, hoy, de asueto en Canarias, considere que lo único que cabe hacer con la política migratoria, además de las regularizaciones extraordinarias que tanto preocupan a Bruselas, es ganar tiempo hasta que llegue el final de la legislatura es grave, pero es mucho peor que mantenga contra viento y marea a un ministro como Grande-Marlaska, que no sólo se niega a aceptar la más mínima responsabilidad, sino que considera que una violación masiva de la frontera española no es más que otro accidente natural del que nadie tiene la menor culpa, al menos, hasta que se pronuncie la Justicia.
Grande-Marlaska no sólo se niega a aceptar la más mínima responsabilidad, sino que considera que una violación masiva de la frontera española no es más que otro accidente natural del que nadie tiene la menor culpa, al menos, hasta que se pronuncie la Justicia
Según el sondeo de opinión realizado por «NC Report» para LA RAZÓN, la inmensa mayoría de los españoles, incluidos un tercio de quienes se reconocen como votantes socialistas, no se cree una palabra de las explicaciones gubernamentales sobre lo sucedido en Ceuta y, además, considera que el Gobierno se halla supeditado a la voluntad de Marruecos por razones que nadie acierta a explicar. Lamentablemente, una vez más el Ejecutivo que preside Pedro Sánchez ha tratado de hacer luz de gas a la opinión pública, presentando una realidad alternativa a lo que estaban contemplado los españoles, como si el discurso ministerial de exculpación de Rabat fuera verdad revelada y no un patético intento de hacer de la necesidad virtud. Y con un agravante que no ha podido pasar inadvertido como es la falta de unidad y coherencia de los distintos portavoces del Gobierno, incapaces de mantener una única versión, sin duda, porque la consigna general no ha sido la de decir la verdad sobre lo sucedido, sino lo que más convenía al poder, según los casos. De ahí, la contradicción flagrante entre el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y la ministra de Defensa, Margarita Robles, en relación al papel del CNI y a los preavisos recibidos por los servicios de Seguridad sobre la avalancha masiva de inmigrantes que se preparaba sobre Ceuta. Por supuesto, el máximo responsable en la materia, que es el titular de Interior, ha hecho lo que mejor sabe hacer que no es otra cosa que negar cualquier responsabilidad, incluso, al precio de dejar por mentirosa a su compañera de Gabinete. Desafortunadamente para Marlaska, si hay un ministro que ha perdido toda credibilidad es él, por más que otros batallen por empatarle. Que, a la postre, tenga que ser el poder judicial, en este caso la Audiencia Nacional, el que determine quién miente en el Ejecutivo, no es más que la tónica habitual en esta legislatura, cuyo agónico final abre demasiadas brechas a quienes operan en contra del interés de los españoles. Aun así, la opinión pública, como demuestra la encuesta que hoy publicamos, tiene claro cuáles son los problemas que nos enfrentan al vecino del sur, qué instrumentos emplea el reino alauí para defender sus posiciones geopolíticas y qué medidas debería adoptar España para defender sus fronteras y proteger su soberanía. Que el inquilino de La Moncloa, hoy, de asueto en Canarias, considere que lo único que cabe hacer con la política migratoria, además de las regularizaciones extraordinarias que tanto preocupan a Bruselas, es ganar tiempo hasta que llegue el final de la legislatura es grave, pero es mucho peor que mantenga contra viento y marea a un ministro como Grande-Marlaska, que no sólo se niega a aceptar la más mínima responsabilidad, sino que considera que una violación masiva de la frontera española no es más que otro accidente natural del que nadie tiene la menor culpa, al menos, hasta que se pronuncie la Justicia.
