Es normal que la comisaria política que Sánchez puso al frente de la Guardia Civil se declare inocente. Mercedes González es, sobre todo, una sanchista en primer tiempo de saludo que ha cumplido su misión al servicio del amado líder. No llegará a ministra, aunque con el nivel de mediocridad actual, salvo excepciones, no desentonaría. Es un fiel reflejo de la profesionalización de la política en el peor de los sentidos, aunque es una persona agradable de trato y no un faltón barriobajero como Puente. El aspecto más negativo es que la Guardia Civil ha regresado a los tiempos de Luis Roldán. A Sánchez le gusta rodearse de mamporreros, mediocres y zotes, alguno reúne las tres características, por lo que las consecuencias nunca pueden ser buenas. Hace no demasiado tiempo, la comisaria política se hubiera cuadrado ante el todopoderoso Cerdán, mientras que ahora se considera una víctima de la trama del exsecretario de Organización. Al más puro estilo sanchista, no sabía nada y no hizo nada incorrecto. Por lo visto, el juez y el fiscal le tienen manía, aunque mi tendencia natural es ser escéptico con este tipo de políticas arribistas que en ningún país de nuestro entorno hubieran ocupado este cargo. Es lamentable que una institución tan prestigiosa y solvente acabe en manos de personas como ella. No porque sea socialista, sino por carecer de pensamiento crítico y ética. A esto hay que añadir que no tiene ni experiencia ni formación. Es cierto que, siguiendo la filosofía del jurista Puente, debe ser una de las diez mejores periodistas de la Historia, ya que estudió periodismo como su amiga Leire Díez. La realidad es que le atribuyen delitos de prevaricación y obstrucción a la Justicia. Hay que respetar su presunción de inocencia, pero es bueno recordar, también, que tiene el derecho a no autoinculparse y le habrán aconsejado que no diga nada que pueda producir ese efecto. Los que desconocen el Derecho mantienen la absurda teoría de que es equivalente al derecho a mentir. En una futura reedición de «El sistema jurídico penal español», que escribí con los profesores Sánchez Cabezudo y Zamora, tengo que desarrollar con mayor amplitud esta cuestión. Estoy tentado de mandárselo a Puente, pero 404 páginas son demasiadas para él y el resto de los juristas del sanchismo. Francisco Marhuenda. Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y de la Real Academia de Doctores de España. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).
«La realidad es que le atribuyen delitos de prevaricación y obstrucción a la Justicia»
Es normal que la comisaria política que Sánchez puso al frente de la Guardia Civil se declare inocente. Mercedes González es, sobre todo, una sanchista en primer tiempo de saludo que ha cumplido su misión al servicio del amado líder. No llegará a ministra, aunque con el nivel de mediocridad actual, salvo excepciones, no desentonaría. Es un fiel reflejo de la profesionalización de la política en el peor de los sentidos, aunque es una persona agradable de trato y no un faltón barriobajero como Puente. El aspecto más negativo es que la Guardia Civil ha regresado a los tiempos de Luis Roldán. A Sánchez le gusta rodearse de mamporreros, mediocres y zotes, alguno reúne las tres características, por lo que las consecuencias nunca pueden ser buenas. Hace no demasiado tiempo, la comisaria política se hubiera cuadrado ante el todopoderoso Cerdán, mientras que ahora se considera una víctima de la trama del exsecretario de Organización.Al más puro estilo sanchista, no sabía nada y no hizo nada incorrecto. Por lo visto, el juez y el fiscal le tienen manía, aunque mi tendencia natural es ser escéptico con este tipo de políticas arribistas que en ningún país de nuestro entorno hubieran ocupado este cargo. Es lamentable que una institución tan prestigiosa y solvente acabe en manos de personas como ella. No porque sea socialista, sino por carecer de pensamiento crítico y ética. A esto hay que añadir que no tiene ni experiencia ni formación. Es cierto que, siguiendo la filosofía del jurista Puente, debe ser una de las diez mejores periodistas de la Historia, ya que estudió periodismo como su amiga Leire Díez. La realidad es que le atribuyen delitos de prevaricación y obstrucción a la Justicia. Hay que respetar su presunción de inocencia, pero es bueno recordar, también, que tiene el derecho a no autoinculparse y le habrán aconsejado que no diga nada que pueda producir ese efecto. Los que desconocen el Derecho mantienen la absurda teoría de que es equivalente al derecho a mentir. En una futura reedición de «El sistema jurídico penal español», que escribí con los profesores Sánchez Cabezudo y Zamora, tengo que desarrollar con mayor amplitud esta cuestión. Estoy tentado de mandárselo a Puente, pero 404 páginas son demasiadas para él y el resto de los juristas del sanchismo.Francisco Marhuenda. Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y de la Real Academia de Doctores de España. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).
