Desde el pasado 10 de septiembre, una familia de Spinea, cerca de Venecia, vive en su propio coche pese a que ambos progenitores tienen empleo. Su situación comenzó después de que venciera su contrato de alquiler de tres más dos años y la vivienda pasara de manos de la propietaria original a su hija.
Según explica el diario italiano Il Gazzettino, recibieron el aviso con antelación y abandonaron el inmueble sin que existieran impagos. «Nunca fue por falta de pago; siempre hemos estado al día», recalca la mujer al periódico.
Una familia pierde su vivienda después de que finalizara el contrato de alquiler
Tras el fin del contrato, la pareja intentó encontrar una alternativa recorriendo todas las inmobiliarias de la zona, sin éxito. «Aprovechamos la hospitalidad de algunos familiares durante unos días, y luego surgió la única solución posible», explica la mujer.
Esa solución pasó por separarse de su hija menor, que ahora vive con su hermana mayor, mientras el matrimonio pasó a dormir en su propio coche de un día para otro, recurriendo en ocasiones puntuales al aparcamiento del Ospedale dell’Angelo de Mestre, donde pagan por estacionar durante la noche.
Lo complicado es que el problema no es la falta de ingresos en sí, es la distancia entre esos ingresos y el coste real de la vivienda en la zona, disparado en parte por el aumento de pisos destinados al alquiler turístico o a estudiantes. La mujer trabaja en el sector social con un contrato de temporada, mientras que su marido tiene un contrato de duración determinada.
Dos salarios no son suficientes para afrontar el precio de la vivienda
«No nos alcanza para vivir, no podemos pagarlo. Además, tenemos deudas pendientes», relatan, insistiendo en que ya han contactado con los servicios sociales del Ayuntamiento de Spinea sin que, de momento, haya surgido una solución definitiva.
La propia mujer, que padece diabetes, describe con crudeza la rutina diaria a la que se han visto obligados: «Para asearnos antes de ir a trabajar, vamos a la gasolinera«. Reconoce además que, aunque a veces logran algún lugar donde pasar la noche, no pueden depender de ir «de sofá en sofá» de forma indefinida.
«Habíamos encontrado una solución que se ajustaba a nuestros ingresos y a nuestra situación de vivienda, y cuando desapareció, nos dimos cuenta de que nuestras finanzas actuales no son suficientes para asegurar una casa», asegura.
La familia asegura que su situación cambió por completo en apenas dos semanas
El relato termina con una reflexión sobre lo repentino del cambio en su situación. «Nunca pensamos que nos encontraríamos en esta situación a los cincuenta años, con una hija que ahora se ve obligada a mudarse de casa en casa», lamenta la mujer, que describe su vida anterior como «un equilibrio precario» sostenido durante años pese a las dificultades económicas.
«Éramos una familia normal hasta hace dos semanas. Siempre con problemas de dinero, pero podíamos tener una vida normal. Ahora la idea de encontrar una casa que nos permita pagar el alquiler y llegar a fin de mes se ha convertido en una pesadilla», concluye.
Desde el pasado 10 de septiembre, una familia de Spinea, cerca de Venecia, vive en su propio coche pese a que ambos progenitores tienen empleo. Su situación comenzó después de que venciera su contrato de alquiler de tres más dos años y la vivienda pasara de manos de la propietaria original a su hija.. Según explica el diario italiano Il Gazzettino, recibieron el aviso con antelación y abandonaron el inmueble sin que existieran impagos. «Nunca fue por falta de pago; siempre hemos estado al día», recalca la mujer al periódico.. Una familia pierde su vivienda después de que finalizara el contrato de alquiler. Tras el fin del contrato, la pareja intentó encontrar una alternativa recorriendo todas las inmobiliarias de la zona, sin éxito. «Aprovechamos la hospitalidad de algunos familiares durante unos días, y luego surgió la única solución posible», explica la mujer.. Esa solución pasó por separarse de su hija menor, que ahora vive con su hermana mayor, mientras el matrimonio pasó a dormir en su propio coche de un día para otro, recurriendo en ocasiones puntuales al aparcamiento del Ospedale dell’Angelo de Mestre, donde pagan por estacionar durante la noche.. Lo complicado es que el problema no es la falta de ingresos en sí, es la distancia entre esos ingresos y el coste real de la vivienda en la zona, disparado en parte por el aumento de pisos destinados al alquiler turístico o a estudiantes. La mujer trabaja en el sector social con un contrato de temporada, mientras que su marido tiene un contrato de duración determinada.. Dos salarios no son suficientes para afrontar el precio de la vivienda. «No nos alcanza para vivir, no podemos pagarlo. Además, tenemos deudas pendientes», relatan, insistiendo en que ya han contactado con los servicios sociales del Ayuntamiento de Spinea sin que, de momento, haya surgido una solución definitiva.. La propia mujer, que padece diabetes, describe con crudeza la rutina diaria a la que se han visto obligados: «Para asearnos antes de ir a trabajar, vamos a la gasolinera». Reconoce además que, aunque a veces logran algún lugar donde pasar la noche, no pueden depender de ir «de sofá en sofá» de forma indefinida.. «Habíamos encontrado una solución que se ajustaba a nuestros ingresos y a nuestra situación de vivienda, y cuando desapareció, nos dimos cuenta de que nuestras finanzas actuales no son suficientes para asegurar una casa», asegura.. La familia asegura que su situación cambió por completo en apenas dos semanas. El relato termina con una reflexión sobre lo repentino del cambio en su situación. «Nunca pensamos que nos encontraríamos en esta situación a los cincuenta años, con una hija que ahora se ve obligada a mudarse de casa en casa», lamenta la mujer, que describe su vida anterior como «un equilibrio precario» sostenido durante años pese a las dificultades económicas.. «Éramos una familia normal hasta hace dos semanas. Siempre con problemas de dinero, pero podíamos tener una vida normal. Ahora la idea de encontrar una casa que nos permita pagar el alquiler y llegar a fin de mes se ha convertido en una pesadilla», concluye.
La pareja asegura a Il Gazzettino que buscó sin éxito otra vivienda y que el elevado coste de la zona ha dejado sus ingresos por debajo de las necesidades que afrontan cada mes
Desde el pasado 10 de septiembre, una familia de Spinea, cerca de Venecia, vive en su propio coche pese a que ambos progenitores tienen empleo. Su situación comenzó después de que venciera su contrato de alquiler de tres más dos años y la vivienda pasara de manos de la propietaria original a su hija.. Según explica el diario italiano Il Gazzettino, recibieron el aviso con antelación y abandonaron el inmueble sin que existieran impagos. «Nunca fue por falta de pago; siempre hemos estado al día», recalca la mujer al periódico.. Una familia pierde su vivienda después de que finalizara el contrato de alquiler. Tras el fin del contrato, la pareja intentó encontrar una alternativa recorriendo todas las inmobiliarias de la zona, sin éxito. «Aprovechamos la hospitalidad de algunos familiares durante unos días, y luego surgió la única solución posible», explica la mujer.. Esa solución pasó por separarse de su hija menor, que ahora vive con su hermana mayor, mientras el matrimonio pasó a dormir en su propio coche de un día para otro, recurriendo en ocasiones puntuales al aparcamiento del Ospedale dell’Angelo de Mestre, donde pagan por estacionar durante la noche.. Lo complicado es que el problema no es la falta de ingresos en sí, es la distancia entre esos ingresos y el coste real de la vivienda en la zona, disparado en parte por el aumento de pisos destinados al alquiler turístico o a estudiantes. La mujer trabaja en el sector social con un contrato de temporada, mientras que su marido tiene un contrato de duración determinada.. Dos salarios no son suficientes para afrontar el precio de la vivienda. «No nos alcanza para vivir, no podemos pagarlo. Además, tenemos deudas pendientes», relatan, insistiendo en que ya han contactado con los servicios sociales del Ayuntamiento de Spinea sin que, de momento, haya surgido una solución definitiva.. La propia mujer, que padece diabetes, describe con crudeza la rutina diaria a la que se han visto obligados: «Para asearnos antes de ir a trabajar, vamos a la gasolinera». Reconoce además que, aunque a veces logran algún lugar donde pasar la noche, no pueden depender de ir «de sofá en sofá» de forma indefinida.. «Habíamos encontrado una solución que se ajustaba a nuestros ingresos y a nuestra situación de vivienda, y cuando desapareció, nos dimos cuenta de que nuestras finanzas actuales no son suficientes para asegurar una casa», asegura.. La familia asegura que su situación cambió por completo en apenas dos semanas. El relato termina con una reflexión sobre lo repentino del cambio en su situación. «Nunca pensamos que nos encontraríamos en esta situación a los cincuenta años, con una hija que ahora se ve obligada a mudarse de casa en casa», lamenta la mujer, que describe su vida anterior como «un equilibrio precario» sostenido durante años pese a las dificultades económicas.. «Éramos una familia normal hasta hace dos semanas. Siempre con problemas de dinero, pero podíamos tener una vida normal. Ahora la idea de encontrar una casa que nos permita pagar el alquiler y llegar a fin de mes se ha convertido en una pesadilla», concluye.
