Y después de Maricarmen, una anciana de 87 años a la que algunos liberales achacan no haber gestionado bien su vida y de la que dicen, tiene una mentalidad casi adolescente por sus mensajes, llega Paquita. Paquita tiene 82 años, párkinson, máximo grado de dependencia y un hijo que vive con ella. Desde 2023 lleva con la amenaza de desahucio. Está suspendido cautelarmente desde julio, pero Paquita tiene miedo. Ese año falleció la propietaria del piso. Sus herederos, que han montado una sociedad, le han dicho que no le van a renovar el contrato que comenzó en 1998. Paquita paga. Paquita paga 1.150 euros todos los meses por esa casa. En ese edificio, según la Asociación Vecinal La Chispera de Madrid, ya hay 21 viviendas de uso turístico. En muchas ciudades españolas está pasando esto. Bloques enteros en los que los vecinos sufren presión para marcharse. Bloques enteros donde no se tiene en cuenta la historia que hay detrás de la puerta. Importa ganar dinero. Fácil, rápido, sin más. Dicen los que han hecho de Maricarmen una mujer sin escrúpulos que es el mercado, oigan. Que el mercado impide que se paguen 500 euros al mes en la zona en la que ella vivía porque es una provocación y casi una aberración. Que casi todo el mundo tiene ya un piso en propiedad y que los arrendadores suelen ser ancianos adorables que viven del precio que cobran por el alquiler de la casita que ganaron con el sudor de su frente. Y yo me pregunto dónde vive la gente que dice esto. Con quién toman un café. Con quiénes conversan. En qué grupos se mueven. O es que son tan sumamente endogámicos que no pisan las realidades paralelas. Me resulta casi obsceno que todos estos opinadores no demuestren ni la más mínima sensibilidad ante las personas vulnerables. La vivienda no es un bien como cualquier otro. Nadie está intentando que no se respete el derecho a la propiedad, pero eso no puede estar por encima de la situación crítica que viven ancianos, jóvenes, familias que no pueden hacer otra cosa que alquilar. Alquilar en un mercado repleto de tiburones. De fondos, de empresas, de sociedades inhumanas que están abocando a personas decentes a sufrir. Dónde estarán todas esas conciencias.
La vivienda no es un bien como cualquier otro. Nadie está intentando que no se respete el derecho a la propiedad, pero eso no puede estar por encima de la situación crítica que viven ancianos, jóvenes, familias que no pueden hacer otra cosa que alquilar
Y después de Maricarmen, una anciana de 87 años a la que algunos liberales achacan no haber gestionado bien su vida y de la que dicen, tiene una mentalidad casi adolescente por sus mensajes, llega Paquita. Paquita tiene 82 años, párkinson, máximo grado de dependencia y un hijo que vive con ella. Desde 2023 lleva con la amenaza de desahucio. Está suspendido cautelarmente desde julio, pero Paquita tiene miedo. Ese año falleció la propietaria del piso. Sus herederos, que han montado una sociedad, le han dicho que no le van a renovar el contrato que comenzó en 1998. Paquita paga. Paquita paga 1.150 euros todos los meses por esa casa. En ese edificio, según la Asociación Vecinal La Chispera de Madrid, ya hay 21 viviendas de uso turístico. En muchas ciudades españolas está pasando esto. Bloques enteros en los que los vecinos sufren presión para marcharse. Bloques enteros donde no se tiene en cuenta la historia que hay detrás de la puerta. Importa ganar dinero. Fácil, rápido, sin más. Dicen los que han hecho de Maricarmen una mujer sin escrúpulos que es el mercado, oigan. Que el mercado impide que se paguen 500 euros al mes en la zona en la que ella vivía porque es una provocación y casi una aberración. Que casi todo el mundo tiene ya un piso en propiedad y que los arrendadores suelen ser ancianos adorables que viven del precio que cobran por el alquiler de la casita que ganaron con el sudor de su frente. Y yo me pregunto dónde vive la gente que dice esto. Con quién toman un café. Con quiénes conversan. En qué grupos se mueven. O es que son tan sumamente endogámicos que no pisan las realidades paralelas. Me resulta casi obsceno que todos estos opinadores no demuestren ni la más mínima sensibilidad ante las personas vulnerables. La vivienda no es un bien como cualquier otro. Nadie está intentando que no se respete el derecho a la propiedad, pero eso no puede estar por encima de la situación crítica que viven ancianos, jóvenes, familias que no pueden hacer otra cosa que alquilar. Alquilar en un mercado repleto de tiburones. De fondos, de empresas, de sociedades inhumanas que están abocando a personas decentes a sufrir. Dónde estarán todas esas conciencias.
