Un grupo de adolescentes se encontró ante una situación que podía haber acabado de una forma mucho más grave y, durante horas, ninguno se atrevió a pedir ayuda a un adulto.
Alfonso Navarro, psicólogo especializado en adolescentes, ha contado el caso de uno de sus pacientes, cuyo amigo acabó con un coma etílico y permaneció prácticamente inconsciente durante horas. Sus compañeros sabían que necesitaba ayuda, pero el miedo a la reacción de sus padres les frenó.
Según relata Navarro, los amigos intentaron solucionar la situación por sus propios medios. «Sus amigos le dieron agua, le pusieron hielo en la nuca, le llevaron a dar un paseo», explica. Sin embargo, ninguno llamó a sus padres ni pidió ayuda a un adulto durante ese tiempo. La razón que encontró el psicólogo fue especialmente preocupante: «Porque tenían mucho miedo de la bronca que les iba a caer».
Conviene recalcar que, ante una persona inconsciente tras una intoxicación alcohólica, el Ministerio de Sanidad recomienda comprobar que respira, colocarla en posición lateral de seguridad y pedir asistencia urgente; además, aconseja no darle nada de beber si está inconsciente.
Y lo más preocupante de todo es que, en menores y adolescentes, una intoxicación alcohólica aguda requiere supervisión médica.
«Tu hijo tiene que saber que puede llamarte sin importar la hora»
El caso lleva a Navarro a detenerse unos pocos segundos en algo que considera fundamental en la educación de los adolescentes: que sepan que pueden recurrir a sus padres cuando exista una situación de peligro, incluso aunque hayan hecho algo que tenían prohibido. «Tu hijo tiene que saber que si alguna vez él o alguno de sus amigos está en peligro puede llamarte, sin importar la hora que sea», explica.
Incluso el psicólogo pide a los padres que hagan entender a sus hijos que, cuando existe una emergencia, la prioridad no debe ser la bronca por lo que haya ocurrido. «Tiene que entender que en ese momento no va a venir una bronca», afirma.
El miedo a la reacción de los padres puede hacer que oculten una emergencia, una afirmación respaldada por la psicología
«Si educamos a los chavales con miedo a nuestras reacciones no nos van a llamar cuando nos necesiten», advierte Navarro. Para él, esta diferencia puede ser especialmente importante cuando el problema requiere una intervención rápida.
Parece más complicado de lo que en realidad es; no hay que eliminar las normas ni de dejar sin consecuencias determinadas conductas, lo ideal sería separar una emergencia de la corrección posterior de lo que haya ocurrido. Y aquí está el quid de la cuestión, ya que entra en escena un factor vinculado con las bebidas alcohólicas.
En última instancia, Navarro considera que la puerta de casa tiene que seguir abierta cuando sus hijos estén en problemas. «Créeme que en determinadas situaciones esa llamada puede salvarle la vida», aclara.
Un grupo de adolescentes se encontró ante una situación que podía haber acabado de una forma mucho más grave y, durante horas, ninguno se atrevió a pedir ayuda a un adulto.. Alfonso Navarro, psicólogo especializado en adolescentes, ha contado el caso de uno de sus pacientes, cuyo amigo acabó con un coma etílico y permaneció prácticamente inconsciente durante horas. Sus compañeros sabían que necesitaba ayuda, pero el miedo a la reacción de sus padres les frenó.. Según relata Navarro, los amigos intentaron solucionar la situación por sus propios medios. «Sus amigos le dieron agua, le pusieron hielo en la nuca, le llevaron a dar un paseo», explica. Sin embargo, ninguno llamó a sus padres ni pidió ayuda a un adulto durante ese tiempo. La razón que encontró el psicólogo fue especialmente preocupante: «Porque tenían mucho miedo de la bronca que les iba a caer».. Conviene recalcar que, ante una persona inconsciente tras una intoxicación alcohólica, el Ministerio de Sanidad recomienda comprobar que respira, colocarla en posición lateral de seguridad y pedir asistencia urgente; además, aconseja no darle nada de beber si está inconsciente.. Y lo más preocupante de todo es que, en menores y adolescentes, una intoxicación alcohólica aguda requiere supervisión médica.. «Tu hijo tiene que saber que puede llamarte sin importar la hora». El caso lleva a Navarro a detenerse unos pocos segundos en algo que considera fundamental en la educación de los adolescentes: que sepan que pueden recurrir a sus padres cuando exista una situación de peligro, incluso aunque hayan hecho algo que tenían prohibido. «Tu hijo tiene que saber que si alguna vez él o alguno de sus amigos está en peligro puede llamarte, sin importar la hora que sea», explica.. Incluso el psicólogo pide a los padres que hagan entender a sus hijos que, cuando existe una emergencia, la prioridad no debe ser la bronca por lo que haya ocurrido. «Tiene que entender que en ese momento no va a venir una bronca», afirma.. El miedo a la reacción de los padres puede hacer que oculten una emergencia, una afirmación respaldada por la psicología. «Si educamos a los chavales con miedo a nuestras reacciones no nos van a llamar cuando nos necesiten», advierte Navarro. Para él, esta diferencia puede ser especialmente importante cuando el problema requiere una intervención rápida.. Parece más complicado de lo que en realidad es; no hay que eliminar las normas ni de dejar sin consecuencias determinadas conductas, lo ideal sería separar una emergencia de la corrección posterior de lo que haya ocurrido. Y aquí está el quid de la cuestión, ya que entra en escena un factor vinculado con las bebidas alcohólicas.. En última instancia, Navarro considera que la puerta de casa tiene que seguir abierta cuando sus hijos estén en problemas. «Créeme que en determinadas situaciones esa llamada puede salvarle la vida», aclara.
El temor a recibir una bronca llevó a varios menores a retrasar una llamada que podría haber sido decisiva ante una situación de peligro
Un grupo de adolescentes se encontró ante una situación que podía haber acabado de una forma mucho más grave y, durante horas, ninguno se atrevió a pedir ayuda a un adulto.. Alfonso Navarro, psicólogo especializado en adolescentes, ha contado el caso de uno de sus pacientes, cuyo amigo acabó con un coma etílico y permaneció prácticamente inconsciente durante horas. Sus compañeros sabían que necesitaba ayuda, pero el miedo a la reacción de sus padres les frenó.. Según relata Navarro, los amigos intentaron solucionar la situación por sus propios medios. «Sus amigos le dieron agua, le pusieron hielo en la nuca, le llevaron a dar un paseo», explica. Sin embargo, ninguno llamó a sus padres ni pidió ayuda a un adulto durante ese tiempo. La razón que encontró el psicólogo fue especialmente preocupante: «Porque tenían mucho miedo de la bronca que les iba a caer».. Conviene recalcar que, ante una persona inconsciente tras una intoxicación alcohólica, el Ministerio de Sanidad recomienda comprobar que respira, colocarla en posición lateral de seguridad y pedir asistencia urgente; además, aconseja no darle nada de beber si está inconsciente.. Y lo más preocupante de todo es que, en menores y adolescentes, una intoxicación alcohólica aguda requiere supervisión médica.. «Tu hijo tiene que saber que puede llamarte sin importar la hora». El caso lleva a Navarro a detenerse unos pocos segundos en algo que considera fundamental en la educación de los adolescentes: que sepan que pueden recurrir a sus padres cuando exista una situación de peligro, incluso aunque hayan hecho algo que tenían prohibido. «Tu hijo tiene que saber que si alguna vez él o alguno de sus amigos está en peligro puede llamarte, sin importar la hora que sea», explica.. Incluso el psicólogo pide a los padres que hagan entender a sus hijos que, cuando existe una emergencia, la prioridad no debe ser la bronca por lo que haya ocurrido. «Tiene que entender que en ese momento no va a venir una bronca», afirma.. El miedo a la reacción de los padres puede hacer que oculten una emergencia, una afirmación respaldada por la psicología. «Si educamos a los chavales con miedo a nuestras reacciones no nos van a llamar cuando nos necesiten», advierte Navarro. Para él, esta diferencia puede ser especialmente importante cuando el problema requiere una intervención rápida.. Parece más complicado de lo que en realidad es; no hay que eliminar las normas ni de dejar sin consecuencias determinadas conductas, lo ideal sería separar una emergencia de la corrección posterior de lo que haya ocurrido. Y aquí está el quid de la cuestión, ya que entra en escena un factor vinculado con las bebidas alcohólicas.. En última instancia, Navarro considera que la puerta de casa tiene que seguir abierta cuando sus hijos estén en problemas. «Créeme que en determinadas situaciones esa llamada puede salvarle la vida», aclara.
