Años después de que Luis Rubiales besara a Jenni Hermoso ante el mundo entero, el fútbol español se presenta en la final del Mundial con uno de los grandes protagonistas de aquella crisis en el banquillo: Borja Iglesias. El delantero gallego fue de los pocos futbolistas masculinos que entonces dio la cara y se negó a jugar con España mientras la Federación no tomara partido. Ahora, con nueva directiva y el torneo en Estados Unidos, disfruta del mayor escaparate del planeta desde un rol secundario que lleva con una naturalidad llamativa. En la final espera Argentina, sí; pero también Donald Trump. La sombra de aquel episodio sigue presente. Tras las semifinales, Borja y Jenni Hermoso se fundieron en un abrazo emotivo que resumió todo lo que hubo entre ellos durante aquellos meses de ruido y presión. El tiempo no ha borrado nada, pero sí ha dado perspectiva, y ese gesto tuvo más peso del que aparenta. El mejor amigo del Mundial En las concentraciones hay figuras que imponen, figuras que pasan desapercibidas y figuras que generan ambiente. Borja Iglesias encaja en la tercera categoría. El jugador ha construido una amistad genuina con Javier Bardem, el hincha más visible de la selección en este torneo americano, y los dos aparecen juntos con una naturalidad que ha sorprendido a más de uno dentro del grupo. El actor ha seguido cada partido desde la grada, y Borja le ha puesto cara de vestuario a esa presencia ilustre. Su lugar en el equipo de Luis de la Fuente también ha sido curioso. Apenas ha sumado minutos, pero en ningún momento se le ha visto con el ceño fruncido ni buscando problemas. Los que llevan semanas conviviendo con el grupo destacan precisamente esa actitud: siempre con buena cara, sin dramas, disponible. Es el tipo de suplente que un vestuario agradece cuando la tensión aprieta. Sin carnet y con abrazo Chattanooga fue el escenario de uno de los momentos más rocambolescos del Mundial para Borja. Después del empate contra Cabo Verde, el delantero salió con su pareja y al volver al hotel de concentración el personal de seguridad no lo reconoció. Tuvo que quedarse en la puerta y llamar por teléfono a compañeros del equipo para que bajaran y confirmaran quién era. Alguien que unos días antes había disputado un partido del Mundial tuvo que esperar a que certificaran su identidad ante los vigilantes del hotel. Trump en el horizonte La final trae un añadido que va mucho más allá del fútbol. Argentina espera al otro lado y, con ella, la posibilidad casi segura de que Donald Trump aparezca en algún momento de la jornada. El presidente de Estados Unidos sería anfitrión del partido más importante del mundo, y Borja Iglesias tiene una opinión muy formada sobre él que ha preferido dejar en segundo plano durante el torneo, aunque sin ocultarla. Le preguntaron si le va a saludar: «Sí, a ver, no tengo ganas de que me metan en la cárcel», respondió a la revista Panenka, medio en serio, medio en broma. «
El delantero de la selección española ha contestado acerca de cómo va a reaccionar si ve al presidente de Estados Unidos en la final del Mundial contra Argentina
Años después de que Luis Rubiales besara a Jenni Hermoso ante el mundo entero, el fútbol español se presenta en la final del Mundial con uno de los grandes protagonistas de aquella crisis en el banquillo: Borja Iglesias. El delantero gallego fue de los pocos futbolistas masculinos que entonces dio la cara y se negó a jugar con España mientras la Federación no tomara partido. Ahora, con nueva directiva y el torneo en Estados Unidos, disfruta del mayor escaparate del planeta desde un rol secundario que lleva con una naturalidad llamativa. En la final espera Argentina, sí; pero también Donald Trump.La sombra de aquel episodio sigue presente. Tras las semifinales, Borja y Jenni Hermoso se fundieron en un abrazo emotivo que resumió todo lo que hubo entre ellos durante aquellos meses de ruido y presión. El tiempo no ha borrado nada, pero sí ha dado perspectiva, y ese gesto tuvo más peso del que aparenta.El mejor amigo del MundialEn las concentraciones hay figuras que imponen, figuras que pasan desapercibidas y figuras que generan ambiente. Borja Iglesias encaja en la tercera categoría. El jugador ha construido una amistad genuina con Javier Bardem, el hincha más visible de la selección en este torneo americano, y los dos aparecen juntos con una naturalidad que ha sorprendido a más de uno dentro del grupo. El actor ha seguido cada partido desde la grada, y Borja le ha puesto cara de vestuario a esa presencia ilustre.Su lugar en el equipo de Luis de la Fuente también ha sido curioso. Apenas ha sumado minutos, pero en ningún momento se le ha visto con el ceño fruncido ni buscando problemas. Los que llevan semanas conviviendo con el grupo destacan precisamente esa actitud: siempre con buena cara, sin dramas, disponible. Es el tipo de suplente que un vestuario agradece cuando la tensión aprieta.Sin carnet y con abrazoChattanooga fue el escenario de uno de los momentos más rocambolescos del Mundial para Borja. Después del empate contra Cabo Verde, el delantero salió con su pareja y al volver al hotel de concentración el personal de seguridad no lo reconoció. Tuvo que quedarse en la puerta y llamar por teléfono a compañeros del equipo para que bajaran y confirmaran quién era. Alguien que unos días antes había disputado un partido del Mundial tuvo que esperar a que certificaran su identidad ante los vigilantes del hotel.Trump en el horizonteLa final trae un añadido que va mucho más allá del fútbol. Argentina espera al otro lado y, con ella, la posibilidad casi segura de que Donald Trump aparezca en algún momento de la jornada. El presidente de Estados Unidos sería anfitrión del partido más importante del mundo, y Borja Iglesias tiene una opinión muy formada sobre él que ha preferido dejar en segundo plano durante el torneo, aunque sin ocultarla. Le preguntaron si le va a saludar: «Sí, a ver, no tengo ganas de que me metan en la cárcel», respondió a la revista Panenka, medio en serio, medio en broma.»Entonces, es algo
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