El entrenador de la selección española no es un hombre glamuroso. No es alto, no es guapo, no es un dandy, no es un intelectual…; tampoco tiene más méritos que los de haberse recorrido durante toda su vida todos los escalafones del mundo del fútbol y conocer a los futbolistas de todos los rincones del país. Antes de hacerse cargo de la Selección, fue primero jugador. Debutó en Primera División con el Athletic Club con el que ganó dos ligas, una Copa del Rey y una Supercopa de España. Más tarde encontró hueco en el Sevilla y en el Deportivo Alavés. Pero de eso hace muchos años. Desde 1997 se dedica a entrenar, en todas las categorías: regional, segunda B, equipos juveniles… Es verdad que también entrenó a las selecciones Sub-19, Sub-21 y Sub-23 y que es el primer entrenador en la historia del fútbol español en ganar la Eurocopa en las tres categorías; pero cuando llegó a la Selección Española, a ocupar el hueco de Luis Enrique, primero sustituyéndole en una baja, en un amistoso contra Lituania, y luego ya como seleccionador oficial, no le veíamos el brillo. Estábamos acostumbrados a pensar que en la vida y en el fútbol no se puede triunfar sin garra, sin agresividad, sin un poquito de mala leche; sin embargo, Luis de la Fuente es un hombre tranquilo, humilde, familiar, admirador de las meditaciones de Marco Aurelio que inspiran sus reflexiones, y muy cristiano… Pero no solo eso: es un hombre que defiende que la generosidad no es un rasgo de debilidad sino una de las herramientas más poderosas para construir vínculos sólidos en el vestuario. Y eso es lo que busca: un vestuario unido que «jamás será vencido» y si lo es, no será porque no haya intentado lo contrario. Le gusta que el equipo lo sea de verdad y dar oportunidades a los jóvenes. En las estrellas no cree tanto, porque sabe que no suele haber éxito en el talento sin esfuerzo y a veces, lo contrario, sí se da. Por eso, solo agita una varita mágica con verdadera convicción: la bondad. Busca buenos futbolistas, sí, pero que sean buenas personas… No me digan que no merece (y nosotros con él) ganar este mundial… ¡Vamos, España!
«Estábamos acostumbrados a pensar que en la vida y en el fútbol no se puede triunfar sin garra, sin agresividad, sin un poquito de mala leche»
El entrenador de la selección española no es un hombre glamuroso. No es alto, no es guapo, no es un dandy, no es un intelectual…; tampoco tiene más méritos que los de haberse recorrido durante toda su vida todos los escalafones del mundo del fútbol y conocer a los futbolistas de todos los rincones del país. Antes de hacerse cargo de la Selección, fue primero jugador. Debutó en Primera División con el Athletic Club con el que ganó dos ligas, una Copa del Rey y una Supercopa de España. Más tarde encontró hueco en el Sevilla y en el Deportivo Alavés.Pero de eso hace muchos años. Desde 1997 se dedica a entrenar, en todas las categorías: regional, segunda B, equipos juveniles… Es verdad que también entrenó a las selecciones Sub-19, Sub-21 y Sub-23 y que es el primer entrenador en la historia del fútbol español en ganar la Eurocopa en las tres categorías; pero cuando llegó a la Selección Española, a ocupar el hueco de Luis Enrique, primero sustituyéndole en una baja, en un amistoso contra Lituania, y luego ya como seleccionador oficial, no le veíamos el brillo. Estábamos acostumbrados a pensar que en la vida y en el fútbol no se puede triunfar sin garra, sin agresividad, sin un poquito de mala leche; sin embargo, Luis de la Fuente es un hombre tranquilo, humilde, familiar, admirador de las meditaciones de Marco Aurelio que inspiran sus reflexiones, y muy cristiano…Pero no solo eso: es un hombre que defiende que la generosidad no es un rasgo de debilidad sino una de las herramientas más poderosas para construir vínculos sólidos en el vestuario. Y eso es lo que busca: un vestuario unido que «jamás será vencido» y si lo es, no será porque no haya intentado lo contrario. Le gusta que el equipo lo sea de verdad y dar oportunidades a los jóvenes. En las estrellas no cree tanto, porque sabe que no suele haber éxito en el talento sin esfuerzo y a veces, lo contrario, sí se da. Por eso, solo agita una varita mágica con verdadera convicción: la bondad. Busca buenos futbolistas, sí, pero que sean buenas personas…No me digan que no merece (y nosotros con él) ganar este mundial… ¡Vamos, España!
